Cayó el patrón de Eldorado

Los hijos de El Chapo Guzmán ven cómo el camino hacia el liderazgo del Cartel de Sinaloa se despeja. Tras la detención esta mañana de Dámaso López, El Licenciado, en la Ciudad de México, el tándem que forman los hijos del capo y el Mayo Zambada, otro de los jefes históricos de la organización, se erige en lo más poderoso entre las facciones que se disputan el mayor imperio criminal de México.

Oriundo de Eldorado, Sinaloa, la historia de Dámaso López es propia de una película de Hollywood. Hijo de un influyente funcionario local, El Licenciado estudió con las monjas carmelitas y después se licenció en derecho en la Universidad de Occidente. Entró a trabajar en la fiscalía de Sinaloa y poco a poco ascendió, hasta convertirse en uno de los funcionarios que dirigían la prisión de Puente Grande, en el Estado de Jalisco.

Fue allí donde conoció a El Chapo, detenido en Guatemala en 1993 y recluido en ese centro. Dámaso López facilitó la primera de las huidas de Joaquín Guzmán de una cárcel federal en México. En 2015, escaparía de la segunda. El Licenciado renunció a su trabajo y empezó a trabajar con el capo.

Pese a ello, Dámaso siempre mantuvo un perfil bajo. Su nombre empezó a sonar con fuerza hace apenas un par de años, tras la penúltima detención de Guzmán. El periodista Carlos Loret de Mola explicaba la mañana de este martes en su programa de televisión que el jefe del cartel señaló entonces a Dámaso como su sucesor. Fue, decía, cuando la Marina lo atrapó en Mazatlán, Sinaloa, en febrero de 2014. Loret refería que los captores de El Chapo le preguntaron por su sucesor. “Seguramente”, dijo el Chapo, “será mi compadre Dámaso”.

Fuera o no como dijo el gran capo, su desaparición ha revuelto las aguas del crimen en Sinaloa y los estados aledaños. Tras su segunda detención, en enero de 2016, la violencia entre cárteles se ha disparado en el estado del Pacífico. Si 2015 acabó con 993 homicidios dolosos, el año siguiente lo hizo con 1.161. En los primeros tres meses de este año, ya son 566.

La guerra arrecia en Sinaloa. En agosto del año pasado, un grupo armado secuestró a uno de los hijos de El Chapo en un restaurante en Puerto Vallarta, Jalisco, al sur del estado natal del capo. Luego, los hijos de Guzmán acusaron a El Licenciado, a su hijo, alias El Mini Lic y a su tropa de atentar contra Ismael El Mayo Zambada, el socio más antiguo de El Chapo.

A principios de este año, la Marina mexicana acabó prácticamente con otra de las facciones en disputa, la de Los H, ligada al Cartel de los Beltrán Leyva. Antaño amigos y socios comerciales, los Beltrán habían roto con Guzmán y compañía en 2008, cuando Arturo Guzmán acusó al Chapo de entregar a su primo, el Mochomo.

Hace unos días, Dámaso apareció en un vídeo, divulgado en el programa de Loret. Según el periodista, un hacker que integraba su equipo de batalla virtual contra los hijos de El Chapo le traicionó. Era uno de tantos bots que trataban de culpar a los hijos de Guzmán de la guerra que mantienen. Al parecer, las autoridades lo ubicaron, le convencieron y este le grabó en video en una marisquería en la Ciudad de México hace apenas unos días. Hoy, el patrón de Eldorado ha caído.

Con la detención de Dámaso, el camino se abre para el Mayo y los Chapitos. Son las rutas, las cosechas de amapola y marihuana en la sierra que comparte Sinaloa con Chihuahua y Durango. La cercanía con la frontera de Estados Unidos. Y sobre todo, la complicidad de la población. Ingredientes necesarios para reparar y relanzar un imperio de miles de millones de dólares.


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